La Crepera: cómo Cristina Carvajal construyó una marca instagrameable antes de abrir su primer local
marzo 22, 2024Cristina Carvajal y su esposo tardaron dos años en abrir su primer local. No por falta de capital ni de ganas, sino porque decidieron construir la identidad de marca antes que el negocio mismo. Hoy La Crepera tiene varios locales, casi 50 colaboradores y su primera franquicia en marcha.
En este episodio de El Poder de las Franquicias conversé con Cristina Carvajal: cofundadora de La Crepera, la crepería más instagrameable del Perú, y una historia de emprendimiento construida a punta de viajes, observación y paciencia. Más que una historia de éxito gastronómico, esta conversación es un recorrido por las decisiones incómodas que hay detrás de toda marca que crece bien: construir identidad antes que local, repartir roles con claridad entre socios que también son pareja, y dar el salto de tener un negocio a convertirlo en franquicia.
Dos años de viajes antes de abrir el primer local
La Crepera no nació de una idea improvisada. Cristina Carvajal trabajaba en Avianca y eso le dio, durante años, la posibilidad de viajar y observar modelos de negocio en distintos países. Ese tiempo no lo desperdició.
«Nos demoró aproximadamente 2 años en armar todo el modelo de negocio, el concepto, la identidad de la marca.»
— Cristina Carvajal
La chispa llegó en Nueva York, en una crepería cuyo concepto le gustó a la pareja. De ahí pasaron a México para capacitarse formalmente en crepés y waffles, y de regreso al Perú confirmaron algo clave: aquí no existía un lugar que combinara ambos productos con un enfoque de experiencia, no solo de venta. Ese fue el vacío que decidieron llenar.
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Esto es algo que veo repetirse en los negocios que después escalan bien: la etapa de investigación no se salta, se invierte en ella con la misma seriedad con la que después se invierte en el local. Dos años de viajes y capacitación no es lentitud, es la construcción deliberada de un criterio propio antes de arriesgar capital. La mayoría de negocios que fracasan temprano no fallan por mala ejecución, fallan porque nunca tuvieron claro qué estaban tratando de construir.
Un nombre, un trébol y una frase que lo resume todo
Cristina Carvajal contó que, pese a haber trabajado con profesionales de branding que propusieron varios conceptos, el nombre definitivo llegó de forma casi instintiva.
«Cuando escuchamos el nombre «La Crepera» dijimos: tiene que ser. Es un nombre fuerte.»
— Cristina Carvajal
El logotipo —un trébol— no es decorativo: está directamente conectado con la frase que acompaña a la marca en cada local, «la suerte de compartir». Para Cristina Carvajal, esa frase no es un eslogan vacío, es literalmente la propuesta de valor del negocio: compartir en familia, en pareja, en un espacio pensado para quedarse y disfrutar, no solo para comprar y salir.
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Una marca fuerte no se reconoce por lo bonito del logo, se reconoce porque cada elemento visual puede explicarse en una frase con sentido de negocio. Cuando el nombre, el símbolo y la propuesta de valor cuentan la misma historia, el cliente no necesita que se la expliquen: la percibe. Eso es lo que separa una identidad de marca real de un ejercicio de diseño gráfico.
Renunciar para poder crecer
Antes de La Crepera, Cristina Carvajal y su esposo intentaron un pequeño negocio de importación de productos desde Estados Unidos. Funcionaba, pero ninguno de los dos tenía tiempo real para dedicarle, porque ambos seguían trabajando en relación de dependencia. Con La Crepera decidieron no repetir el error.
«Uno de los dos tenía que tomar la decisión de renunciar. En este caso fui yo, y los resultados han sido súper favorables.»
— Cristina Carvajal

Cristina Carvajal dejó su trabajo de ocho años en Avianca para dedicarse 100% al negocio, mientras su esposo mantenía su empleo como respaldo. Esa decisión, según cuenta, le permitió conocer cada proceso del negocio desde adentro: qué funciona, qué no, y por qué.
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Esta es una de las conversaciones que más repito con emprendedores que arrancan con doble ingreso y medio compromiso: un negocio que nace como actividad secundaria rara vez recibe la atención que necesita para despegar. No se trata de romantizar el riesgo, se trata de reconocer que alguien tiene que sostener la operación con dedicación completa mientras el negocio encuentra su forma. La pareja de Cristina lo resolvió repartiendo roles: uno adentro del negocio, el otro sosteniendo el ingreso fijo. Esa combinación, bien planeada, reduce el riesgo sin sacrificar el compromiso.
Sobrevivir la pandemia sin perder la esencia
La Crepera abrió apenas cinco meses antes de que empezara la pandemia. El modelo de negocio completo —la experiencia, el lugar acogedor, lo instagrameable— dependía de que la gente pudiera sentarse ahí. De un día para otro, eso dejó de ser posible.
«Tuvimos que cambiar todo nuestro concepto para poder activar el Delivery, pensando con temor porque dijimos: ¿quién va a comprar crepés y waffles por delivery?»
— Cristina Carvajal
La respuesta fue mejor de lo esperado. Los cinco meses previos a la pandemia ya les habían dado más de 10,000 seguidores en Instagram, una comunidad que respondió cuando la marca migró su modelo. Ese capital de marca construido antes de la crisis terminó siendo lo que sostuvo al negocio durante ella.
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Aquí hay una lección que aplica a cualquier negocio que enfrenta una crisis externa: lo que te salva no es lo que construyes durante la emergencia, es lo que ya habías construido antes de que llegara. La Crepera no inventó su comunidad durante la pandemia, la activó. Eso es una diferencia enorme, y es la razón por la que invertir en marca y comunidad desde el día uno no es un lujo, es un seguro.
Proveedores confiables y un equipo que se siente escuchado
Sobre la selección de proveedores, Cristina Carvajal fue clara: formalidad, certificaciones, calidad constante y puntualidad son innegociables. Pero el criterio que más resaltó fue la lealtad construida en el tiempo.
«No nos gusta variar, nos gusta ser leales, porque ellos también nos apoyan a nosotros.»
— Cristina Carvajal
Esa misma lógica de lealtad y escucha la aplica con su equipo. Cristina Carvajal contó que valoran mucho más la vocación e identificación con la marca que la experiencia previa, y que los colaboradores —muchos de ellos jóvenes recién egresados de cocina o pastelería— participan activamente proponiendo productos nuevos según la temporada.
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Lo que describe Cristina con proveedores y con su equipo es, en el fondo, el mismo principio aplicado a dos relaciones distintas: la confianza se construye con consistencia en el tiempo, no con contratos de un solo día. Un negocio que rota proveedores y personal constantemente nunca logra ese nivel de compromiso mutuo, porque nadie invierte lealtad en una relación que sabe que es temporal.
De ser tres a liderar casi 50 personas
Cuando La Crepera arrancó, el equipo completo eran tres personas, incluida Cristina. Hoy son casi 50, repartidos en distintas sedes, cada una con su propio administrador y equipo. El método que usan para mantener la cercanía pese al crecimiento es simple pero deliberado.
«Dedicamos un día a cada sede. Eso nos ayuda a darnos un espacio y un tiempo de conexión con el equipo.»
— Cristina Carvajal
Ese consejo que recibió a los 18 años —«eres una esponjita, absorbe todo lo positivo»— es el que hoy intenta replicar con su propio equipo: liderar con el ejemplo, enseñar haciendo junto a la persona y no solo dando instrucciones.
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Pasar de 3 a 50 personas es uno de los saltos más difíciles de cualquier negocio, porque obliga a soltar el control directo sobre cada detalle. Lo que hizo bien Cristina fue diseñar un mecanismo —un día fijo por sede— que reemplaza la supervisión constante por presencia programada. No es lo mismo que estar todo el tiempo en todos lados, pero es lo que realmente escala: presencia consistente, no omnipresencia.
Socios, padres y esposos al mismo tiempo
Cristina Carvajal y su esposo acaban de ser padres de mellizos, y sostienen simultáneamente los roles de socios de negocio, esposos y padres. La división de funciones, dice, ha sido la única forma de sostener los tres frentes.
«Cuando di a luz le dije: definitivamente sola no lo hubiese podido lograr.»
— Cristina Carvajal
La estrategia incluye apoyo externo de confianza para el cuidado de los bebés y espacios breves pero intencionales de comunicación de pareja —un café de cinco minutos para preguntarse cómo está cada uno—, algo que Cristina Carvajal identifica como esencial para que la sociedad de negocio no se resienta con la vida familiar.
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Cuando los socios de un negocio son también pareja y padres, el negocio no compite con la vida personal, es parte de ella. El error común es tratar de separar ambos mundos con una línea rígida que termina rompiéndose bajo presión. Lo que hace Cristina es lo contrario: construye rituales pequeños y sostenibles —el café de cinco minutos, el día fijo por sede— que sostienen ambos mundos sin que ninguno devore al otro.
El salto a franquicia
Convertir La Crepera en marca franquiciable no fue una decisión inmediata. Cristina Carvajal reconoce que recibieron varias propuestas de terceros interesados en franquiciar la marca antes de decidirse, y que el paso definitivo llegó cuando entendieron que necesitaban primero ordenar internamente sus procesos.
«Éramos conscientes de que si nos metíamos en el rubro de la franquicia, teníamos que tener todos los lineamientos y procedimientos en orden dentro de casa para poder enseñarlos a las futuras franquicias.»
— Cristina Carvajal

Hoy acompañan de cerca a su primera franquiciada, con visitas diarias y seguimiento personalizado, algo que Cristina Carvajal describe no como una obligación contractual, sino como una forma de honrar la confianza de alguien que decidió apostar por la marca.
La lectura de José
Esto es exactamente lo que separa una franquicia bien estructurada de una que solo vende el nombre: el orden interno tiene que existir antes de replicarse, no se construye sobre la marcha con el primer franquiciado como conejillo de indias. Cristina y su esposo entendieron algo que muchos dueños de marca subestiman: franquiciar no es vender un logo, es entregarle a otra persona un sistema que tú ya probaste que funciona.
Lo que deja esta conversación con Cristina Carvajal no es solo la historia de una crepería exitosa: es un mapa de decisiones deliberadas. Investigar antes de invertir, construir una identidad con sentido antes que un local bonito, repartir roles con claridad entre socios que también son pareja, y ordenar la casa antes de abrirle la puerta a un franquiciado. Ninguna de esas decisiones fue automática ni cómoda, y esa es, probablemente, la razón por la que hoy La Crepera tiene locales, equipo y una franquicia en marcha en lugar de quedarse en la idea de un cuaderno de viaje.
José Olivera Cruzalegui · Conductor de El Poder de las Franquicias.
Experto en estructuración de negocios y franquicias. Máster en Franquicias por la Universidad de Barcelona, fundador y CEO de Franquicia Mejor, con más de 10 años acompañando la expansión de marcas en Perú y Latinoamérica.
✦ José Olivera
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